November 19th, 2007, 37 Comments »
Maldito frío.
Ya van tres conciertos y no nos hemos dado cuenta.
Hicimos el viaje de ida en dos días porque desde el pueblo a Rennes hay una gran tirada, unos 1.300 kilómetros. Como se puede ver en la foto (de ínfima calidad), vamos hasta arriba; 9 personas y todas nuestras pertenencias, incluídos 2 cartones de tabaco por cabeza y la banqueta. Así que el primer día, noche en Bordeaux (Burdeos). Lo de hacer noche en Burdeos suena muy bien, pero la verdad es que el hotel estaba en la M-50, un mítico Hotel Campanile, rollo motel americano donde engañar a tu mujer o esconder el dinero del atraco. Al día siguiente salimos para Rennes que es una ciudad preciosa, según cuentan. Pondremos Rennes en la interminable lista de ciudades hermosas en las que hemos estado y no conocemos. Y la sala donde tocamos, l’Ubu, es pequeñita pero muy chula, algo así como El Sol de Madrid, más o menos. La gente, maravillosa, cuánto cariño por dios, especialmente en Rennes.
En Francia suele suceder que las salas de conciertos tienen cocina, cocinero y un pequeño comedor para dar de cenar a los grupos y al personal de la sala, lo cual se nos antoja una idea magnífica. Así que se prueba sonido y después te preparan la cena. Hay que tener cuidado porque aquí suelen cocinar demasiado bien y este grupo no tiene medida: o ayuna o arrasa. Por ahora nos estamos cebando, con el añadido de que comemos según horario hispánico (2-3 de la tarde) y cenamos a horario francés (7-8… de la misma tarde). Lo mismo pasó en la sala de Burdeos, donde además todo se maridó con vino peleón de la tierra. Personalmente, no sé qué me pasa que ya 5 horas antes de un concierto se me cierra el estómago y sólo me entra ron o algo. Serán los nervios.
Pues eso. Primer día noche en Burdeos, segundo día concierto en Rennes, tercer día concierto de vuelta en Burdeos y cuarto día concierto en Toulouse. Hay que contar lo de la cacho sala (Le Phare) que nos encontramos en Toulouse. Muy nueva, la inauguraron hace apenas un mes y es como un pabellón polideportivo, pero para espectáculos de música. Increíble. Cuidada hasta el último detalle, sirve para lo que se construyó y además se construyó para lo que sirve; todas las paredes del pabellón acondicionadas para el sonido, con paneles y eso; capacidad para 3.500 personas, aparcamiento para público, lo último en equipo de luces y sonido… parece que estoy vendiendo algo, pero es que nos quedamos alucinados. Demasiado raro por desgracia, una cosa casi única: una sala de conciertos pensada sólo para dar conciertos. Sin bar, eso sí.
Y en Toulouse, tras el concierto, hemos tenido dos días libres porque no tocamos hasta el lunes en Montpellier. Aquí sí que puedo decir que es una ciudad bonita, muy bonita, aunque hace un frío que no es normal. Llena de estudiantes y bicis, de estudiantes en bici, de gente, de árboles con y sin follaje, de bares, cafés y restaurantes. Me pregunto por qué tienen fama las ostras o los mejillones de aquí si no hay mar. El otoño francés es de verdad, todo marrón, el suelo lleno de hojas y el cielo blanco. Por fin me he podido poner la bufanda que me regalaron. Cambiando de tema, me suele tocar la habitación de al lado del cuarto de la limpieza o la que hace tabique con el ascensor, pero aquí he probado una cosa nueva. Estoy en el jodido rellano de la escalera de la primera planta y se me mueve la cama cada vez que baja alguien. En fin, todos estamos bien y todo está saliendo bien. ¿He dicho que hace frío? Anoche encontramos por fin la manera de entrar en calor, nos reímos como hacía tiempo y hemos dormido como ancianos.
Decir por el micro Are you ready Toulouse?! no queda demasiado bien.
Media hora de wi-fi en este hotel 4 €. Una hora, incomprensiblemente, 5 €.
En el hotel del otro día en Rennes, un cuarto de hora 5 € ¿no es un atraco?.
Miles de gracias por vuestros mensajes, que no se me olvide. Os escribiremos.
Besos que se corta.







